Ya sabemos todos la importancia de los medios en nuestras vidas y su alto nivel persuasivo. ¿Pero hasta qué punto esto se ve reflejado en nosotros? A día de hoy, y gracias a Internet, estamos viendo como se ha producido una oleada de nuevos y jóvenes famosos; adolescentes que se han convertido en auténticas celebridades de la red gracias a la creación de blogs personales.
Así que podría decirse que Internet ha sido el medio para la creación de unos nuevos personajes, quienes hacen pública su intimidad día tras día ens sus blogs, recibiendo firmas de hasta 10.000 visitantes a diario.
Este camino a modo de relámpago hacia el estrellato, a través de la plataforma virtual, les ha convertido en un modelo a seguir para un gran número de adolescentes que siguen sus fotos, vidas y comentarios.
Un exceso de ego y narcisismo son su carta de presentación. Etiquetas que ellos mismos reconocen como suyas, pues mientras más se hable de ellos mejor, da igual que para bien o para mal.
El universo virtual ha adquirido un papel fundamental en la construcción de identidades, pero en estos últimos tiempos, se ha llegado a niveles desorbitados y culpa de ello la tienen los blogs personales colgados en Internet. Los jóvenes de hoy, con sólo un click, podemos acceder fácilmente a un mundo que te aporta referentes tanto de moda, música, o formas de vida que quizás no correspondan con los grupos cercanos a nosotros, sea en el instituto o en el barrio. Esto es algo atractivo y a la vez necesario a la hora de crear la representación de uno mismo. La red nos abre las puertas hacia un mundo en el que ya no importa quién verdaderamente eres sino quien eres o muestras ser para los demás.
Hablamos de historias paralelas a la vida real, de máscaras y disfraces y de competencia por ser el más cool del lugar.
Es en este terreno donde me sitúo e intento observar hasta qué punto estos ciber personajes pueden llegar a influenciar en la construcción de la propia identidad del adolescente,y entender como se van creando distintas miradas hacia el otro, y hacia uno mismo. Cristina Martín Collado
  
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